jueves, 16 de julio de 2026
Monja de carnaval
La mujer, con sus hábitos monjiles, cantaba en la calle con una alegría que hacía vibrar el suelo. Su voz, impregnada de magia, parecía abrir suspiros en el desfile carnavalesco, como si este estuviera respirando a través de ella. Los niños la seguían, hipnotizados por algo que no sabían nombrar, y todos vieron que cuando ella alzó los brazos, el viento dejó de soplar y el aire quedó inmóvil. Solo entonces descubrieron que no era una simple mujer disfrazada, sino algún espíritu festivo ancestral que se había introducido, quizás por primera vez en mucho tiempo, en ese cuerpo que cantaba.
