Cuando estoy haciendo la fotografía observo a una mujer que camina lentamente entre luces y escaparates que no parecen mirarla. Podría decir que su cuerpo se estaría mezclando con los reflejos de los anuncios, como si estuviera buscando algo que no está a la venta.
Viendo cada uno de sus lentos pasos pienso que la fotografía saldrá movida. Es posible que la mujer esté pensando en unos días pasados en que el mundo parecía más pequeño, menos ajetreado, más suyo. Y mientras la escalera mecánica desciende, creo que está comprendiendo que la nostalgia es la única tienda que hoy está abierta para ella.
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lunes, 10 de agosto de 2026
sábado, 8 de agosto de 2026
La sombra
La sombra estaba cruzando la calle antes de que su cuerpo recordara donde estaba. Nadie la había visto pasar frente a la pared blanca, salvo las ventanas, que habían cerrado sus ojos.
Dicen los vecinos que algunas noches las piedras cambian de sitio para no olvidar a quienes desaparecen entre ellas.
Cuando el caminante llegó al final de la tapia, descubrió que ya no proyectaba ninguna sombra. Parece que la encontró esperándolo al otro lado de la calle, sonriendo con el rostro que él había perdido en su infancia. Quizá, desde entonces, cada madrugada es ella quien vuelve a casa, mientras él aprende a ser un mero recuerdo.
Dicen los vecinos que algunas noches las piedras cambian de sitio para no olvidar a quienes desaparecen entre ellas.
Cuando el caminante llegó al final de la tapia, descubrió que ya no proyectaba ninguna sombra. Parece que la encontró esperándolo al otro lado de la calle, sonriendo con el rostro que él había perdido en su infancia. Quizá, desde entonces, cada madrugada es ella quien vuelve a casa, mientras él aprende a ser un mero recuerdo.
jueves, 6 de agosto de 2026
Un cuento de fantasmas
La plaza brillaba como un espejo recién despertado, y nadie sabía qué recuerdos reflejaban en los charcos las ventanas que nunca dormían. Parece que en otros tiempos los fantasmas, por la noche, cuando llovía, bajaban a pasear, siempre con sus paraguas cerrados. No hacían ruido, solo se movían en la luz, como si respiraban el aire caliente que emanaba de las farolas. Se contaba también que se movían descalzos para no romper el silencio y que era frecuente que se sentaran en las mesas vacías y conversaran con las sombras que dejaba la lluvia. Algunas veces, incluso, alguno de ellos miraba la gran pantalla luminosa y juraba reconocerse en el rostro que parpadeaba.
Al primer rayo del alba, sin embargo, todos volvían a encerrarse en sus muros, dejando tras de sí unos murmullos y un leve olor a lluvia que solo entendía la piedra.
Al primer rayo del alba, sin embargo, todos volvían a encerrarse en sus muros, dejando tras de sí unos murmullos y un leve olor a lluvia que solo entendía la piedra.
miércoles, 29 de julio de 2026
Historias de otros tiempos
Cuando he entrado en el patio he sentido que el aire mismo se ha detenido para que pudiera escuchar el murmullo de las flores. Las macetas, mientras tanto, están trepando por las paredes encaladas como si intentaran alcanzar un cielo que solo aquí dentro existe.
Me he quedado inmóvil, respirando el perfume húmedo que sube desde la tierra recién regada y cada color de las flores parece querer contarme historias de otros tiempos, de otras personas que aquí vivieron y amaron.
Alguien diría que de la fuente, al fondo, no fluye agua sino luz, una luz que respira mientras me confirma esas verdades antiguas que ya nadie recuerda. No sé si soy yo quién está contemplando esta belleza o es el patio el que, mientras me susurra, me está contemplando a mí. Solo soy consciente de que siento que el aire está cambiando de peso, como si alguien invisible estuviera caminando a mi lado.
Me he quedado inmóvil, respirando el perfume húmedo que sube desde la tierra recién regada y cada color de las flores parece querer contarme historias de otros tiempos, de otras personas que aquí vivieron y amaron.
Alguien diría que de la fuente, al fondo, no fluye agua sino luz, una luz que respira mientras me confirma esas verdades antiguas que ya nadie recuerda. No sé si soy yo quién está contemplando esta belleza o es el patio el que, mientras me susurra, me está contemplando a mí. Solo soy consciente de que siento que el aire está cambiando de peso, como si alguien invisible estuviera caminando a mi lado.
domingo, 26 de julio de 2026
Amistad
Justo antes de llegar al bosque, cuando el sendero se abría al cielo, los niños detuvieron sus bicicletas. Les habían dicho que en primavera se abría un resplandor especial entre los árboles y que de esa luz brotaban diminutas criaturas, aladas. Si prestaban atención podrían escuchar como cantaban en silencio.
Los tres amigos, sin miedo, ofrecieron sus manos y el bosque respondió con algo que semejaba un latido profundo. Para entonces las montañas, en la lejanía, parecían haberse inclinado ante ellos.
Fue en ese momento cuando los tres fueron tomando conciencia de que la naturaleza, cuando confía, revela su magia a quienes, como ellos, han descubierto que la amistad puede ser un canto a la tierra.
Los tres amigos, sin miedo, ofrecieron sus manos y el bosque respondió con algo que semejaba un latido profundo. Para entonces las montañas, en la lejanía, parecían haberse inclinado ante ellos.
Fue en ese momento cuando los tres fueron tomando conciencia de que la naturaleza, cuando confía, revela su magia a quienes, como ellos, han descubierto que la amistad puede ser un canto a la tierra.
viernes, 24 de julio de 2026
Cristo de la Expiración
En la penumbra de la Capilla de la Expiración, se siente como respira el silencio. El “Santísimo Cristo de la Expiración” inclina la cabeza, como si aún escuchara los últimos susurros del mundo. A sus pies, “María Santísima del Silencio” sostiene un dolor que no necesita expresarse en palabras. Las velas tiemblan, y sus llamas custodian algo que solamente la fe comprende. El aire huele a azahar y a plegarias que se repiten en el tiempo. Ante la visión de las imágenes, todo está suspendido, y Córdoba parece haberse arrodillado.
miércoles, 22 de julio de 2026
Un rayo de luz
Bajo los arcos antiguos, la procesión avanza en silencio. Los niños caminan despacio mientras un rayo de luz, que atraviesa la penumbra y cae en diagonal, los convierte en pequeñas apariciones. Vestidos de encajes blancos y de una fe que todavía no comprenden, avanzan entre las columnas infinitas.
El metal de la cruz está brillando, y contemplando la escena uno siente que el silencio que reina no es vacío: es una promesa de algo de lo que solamente los encapuchados, que parecen sombras que aprendieron a rezar, son conscientes. Ellos saben que en este momento todo murmura: la historia, las culpas, las esperanzas, y que en este instante suspendido, la infancia y lo eterno caminan al mismo paso.
martes, 21 de julio de 2026
La hora azul
Era la hora azul, y la luz del atardecer caía sobre la Plaza de las Tendillas como un susurro. Se habían encendido las farolas y el aire se había vuelto dorado, como si la ciudad quisiera posar para las miradas de la gente.
Yo estaba delante de la estatua, parado, escuchando el murmullo de quienes atravesaban la plaza como un río manso y fue entonces cuando reparé en el fotógrafo y en como quería captar cada paso, cada sombra, cada gesto.
El hombre estaba intentando seguirle el pulso a la ciudad, que a esa hora latía más despacio. Cuando comenzó a disparar, supe que estaba atrapando unos instantes que no volverían, pero que siempre me esperarían allí.
sábado, 18 de julio de 2026
Una leve sonrisa
Conseguí abrirme paso entre la multitud, cámara en mano, buscando uno de esos instantes que lo dicen todo sin pronunciar palabras. Había visto a una mujer, firme como un roble, que nos enseñaba su camiseta con una frase escrita: “No a la guerra”. Yo pensaba que, quizás, ajena, o no, a otros temblores que sacuden el mundo: pisoteo de los derechos humanos, terrorismo, abusos de todo tipo...
Frente a ella, una fotógrafa se había inclinado intentando captar el gesto exacto en que la dignidad se vuelve luz. Yo, sin tiempo para pensar, encuadré la escena desde atrás, atrapado por la fuerza de ambas mujeres, por la mezcla de lucha en una y la pasión por captarla en otra. El murmullo de la manifestación del “Día de la Mujer” nos envolvía a todos. Disparé justo cuando la segunda mujer también lo hacía, convencido de haber capturado un instante irrepetible.
Solo después, al revisar la imagen, descubrí que la mujer que reclamaba paz en el mundo no nos miraba a nosotros y que en sus ojos estaba el reflejo de esa leve sonrisa que impregna la serenidad de alguien que en su vida ya ha visto demasiados horrores.
Frente a ella, una fotógrafa se había inclinado intentando captar el gesto exacto en que la dignidad se vuelve luz. Yo, sin tiempo para pensar, encuadré la escena desde atrás, atrapado por la fuerza de ambas mujeres, por la mezcla de lucha en una y la pasión por captarla en otra. El murmullo de la manifestación del “Día de la Mujer” nos envolvía a todos. Disparé justo cuando la segunda mujer también lo hacía, convencido de haber capturado un instante irrepetible.
Solo después, al revisar la imagen, descubrí que la mujer que reclamaba paz en el mundo no nos miraba a nosotros y que en sus ojos estaba el reflejo de esa leve sonrisa que impregna la serenidad de alguien que en su vida ya ha visto demasiados horrores.
jueves, 16 de julio de 2026
Monja de carnaval
La mujer, con sus hábitos monjiles, cantaba en la calle con una alegría que hacía vibrar el suelo. Su voz, impregnada de magia, parecía abrir suspiros en el desfile carnavalesco, como si este estuviera respirando a través de ella. Los niños la seguían, hipnotizados por algo que no sabían nombrar, y todos vieron que cuando ella alzó los brazos, el viento dejó de soplar y el aire quedó inmóvil. Solo entonces descubrieron que no era una simple mujer disfrazada, sino algún espíritu festivo ancestral que se había introducido, quizás por primera vez en mucho tiempo, en ese cuerpo que cantaba.
miércoles, 15 de julio de 2026
Guardianas del carnaval
Bajo el peso brillante de mi tocado, estoy sintiendo que el mundo respira al ritmo de mis pasos y que la música vibra en mis huesos como si despertara unos sentimientos que, ocultos durante el año, duermen en mí.
Bailo sonriendo, porque cada destello de lentejuela es un latido que comparto con mis hermanas. En el aire se huele la magia de unos viejos secretos que estuvieran a punto de revelarse.
Mientras avanzamos, estoy notando que mis pies ya no tocan el suelo, sino que parecen flotar como plumas encendidas. La multitud nos aplaude, sin saber que algunas ya no estamos desfilando: estamos ascendiendo. Las compañeras nos miramos, y descubro que ellas también lo están sintiendo. Cuando por fin cruzamos el arco final del desfile, en la Plaza de la Corredera, hemos dejado de ser humanas y hemos vuelto a ser lo que siempre hemos sido: las guardianas de un carnaval eterno.
Bailo sonriendo, porque cada destello de lentejuela es un latido que comparto con mis hermanas. En el aire se huele la magia de unos viejos secretos que estuvieran a punto de revelarse.
Mientras avanzamos, estoy notando que mis pies ya no tocan el suelo, sino que parecen flotar como plumas encendidas. La multitud nos aplaude, sin saber que algunas ya no estamos desfilando: estamos ascendiendo. Las compañeras nos miramos, y descubro que ellas también lo están sintiendo. Cuando por fin cruzamos el arco final del desfile, en la Plaza de la Corredera, hemos dejado de ser humanas y hemos vuelto a ser lo que siempre hemos sido: las guardianas de un carnaval eterno.
domingo, 12 de julio de 2026
El perro y el maniquí
Cada día despierto tras el cristal, inmóvil pero consciente. Las personas pasan, miran, no ven. Solo el perro de ojos de hielo me escucha. Le hablo sin palabras, con el temblor de las hojas del jardín vertical. Le cuento que fui hombre, que amé bajo esa fuente, que un hechizo me dejó aquí.
El perro no sabe que cuando él me siente, mi corazón de tela late más fuerte. Solamente ladea la cabeza, me entiende y me promete que algún día me liberará. Y yo espero, cada tarde, que sus pasos traigan el milagro y se rompa el escaparate.
Ayer, el perro no vino. Sentí el silencio como un peso nuevo, insoportable. Entonces, desde el jardín vertical, una flor blanca cayó dentro del escaparate y tocó mi mano rígida. La tela se volvió piel. El cristal se abrió como agua. Y comprendí que no era el perro quien debía liberarme, sino el propio jardín, que siempre había conocido mi secreto.
Ayer, el perro no vino. Sentí el silencio como un peso nuevo, insoportable. Entonces, desde el jardín vertical, una flor blanca cayó dentro del escaparate y tocó mi mano rígida. La tela se volvió piel. El cristal se abrió como agua. Y comprendí que no era el perro quien debía liberarme, sino el propio jardín, que siempre había conocido mi secreto.
viernes, 10 de julio de 2026
Aguas crecidas
Estoy contemplando como el Puente Viejo se está inclinando hacia mí mientras las aguas crecidas lo acarician con furia. Le recuerdan que nada es eterno, ni siquiera la piedra.
Mientras hago la fotografía, siento que el Guadalquivir respira dentro de mi pecho. En la lejanía, los pájaros revolotean. La gente observa en silencio, temiendo que el río en algún momento llegue a despertar del todo y reclame la ciudad.
Los árboles sumergidos están agitando sus ramas, como manos que intentan escribir un conjuro, mientras que yo, atrapado entre la fotografía que intento hacer y la magia del rumor del agua, presiento que algo no deseado está a punto de producirse.
-Esta fotografía la hice el día 8 de febrero de 2026, cuando las aguas ya habían inundado el aeropuerto de Córdoba y las urbanizaciones de su entorno.
jueves, 9 de julio de 2026
Los viejos arcos
Al atardecer, la mujer cruzaba los viejos arcos para encontrarse con su hermana, recluida al otro lado desde hacía tantos años que nadie recordaba cuando había ingresado allí. Cuando los cruzó. los ladrillos del convento susurraron su nombre. Era invierno, pero el aire olía a jazmín.
Ahora, cuando dejó atrás las piedras antiguas, dicen que fue ella la que desapareció para siempre, dejando en el suelo solo una bolsa blanca y en el aire un perfume persistente.
martes, 30 de junio de 2026
Imperfección en la calle
Últimamente me siento atraído por lo que podríamos llamar fotografía callejera desenfocada y de alto contraste, que suele buscar una estética cruda y emocional, más centrada en la atmósfera que en la nitidez. Este estilo de fotografía aprovecha el desenfoque para transmitir movimiento, fugacidad y la sensación de que la vida urbana pasa demasiado rápido para ser capturada con precisión.
Inspirada en fotógrafos como Daidō Moriyama, esta propuesta privilegia la imperfección, lo intuitivo y el azar por encima de la técnica clásica. Busca, en conjunto, reflejar el ritmo caótico, la soledad urbana y la poesía visual presentes en la vida cotidiana de las ciudades.
Inspirada en fotógrafos como Daidō Moriyama, esta propuesta privilegia la imperfección, lo intuitivo y el azar por encima de la técnica clásica. Busca, en conjunto, reflejar el ritmo caótico, la soledad urbana y la poesía visual presentes en la vida cotidiana de las ciudades.
miércoles, 24 de junio de 2026
La mujer que fotografiaba flores
En el jardín, la mujer inclinó la cámara hacia una flor que parecía latir. Sentía que con cada disparo se liberaba un destello que flotaba en el aire como si tuviera peso propio.
Parecía que las sombras de los rosales se acomodaban para salir mejor en la foto y que los lirios, majestuosos, se habían erguido sobre las otras flores para posar con dignidad de retratista.
La mujer sonreía: sabía que el jardín solo se dejaba fotografiar cuando deseaba que alguien captara su belleza y que, solo entonces, el aire se llenaba de murmullos vegetales, ansiosos por ser capturados. Tomó así conciencia de que no estaba guardando meras imágenes, sino la memoria viva de aquel bello espacio.
Parecía que las sombras de los rosales se acomodaban para salir mejor en la foto y que los lirios, majestuosos, se habían erguido sobre las otras flores para posar con dignidad de retratista.
La mujer sonreía: sabía que el jardín solo se dejaba fotografiar cuando deseaba que alguien captara su belleza y que, solo entonces, el aire se llenaba de murmullos vegetales, ansiosos por ser capturados. Tomó así conciencia de que no estaba guardando meras imágenes, sino la memoria viva de aquel bello espacio.
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