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viernes, 17 de julio de 2026

El payaso enamorado

Cada noche, el payaso encendía la bombilla colgante y esperaba en silencio. La bailarina, hecha de porcelana y polvo de luna, giraba al compás de la música del gramófono. Él le hablaba con los ojos, ella respondía con arabescos suspendidos en el aire. Los globos flotaban como testigos mudos, y el árbol sin hojas susurraba viejas promesas.

La bailarina nunca envejecía, nunca parpadeaba, nunca se iba. Una madrugada, el payaso se acercó, temblando, y la besó en la frente. Entonces ella parpadeó y sus pies se posaron en el suelo con un suspiro de niebla estelar. “Llevo mucho tiempo esperándote”, dijo, con voz de viento antiguo.

El payaso, incrédulo, extendió la mano. Ella la tomó, y juntos salieron por la ventana hacia el cielo, mientras los globos descendían lentamente, como si ya no tuvieran a quién sostener.

sábado, 11 de julio de 2026

Dia de San Valentin

Cada 14 de febrero, la casa se llenaba de una luz que no venía de ninguna lámpara. Justo al anochecer, dos figuras aparecían sentadas frente a la mesa: un hombre de treinta años con ojos que contenían otoños, y una mujer de piel verde y mirada estelar. Las copas brillaban con recuerdos líquidos, y las botellas guardaban promesas. Ellos no hablaban, pero sus miradas tejían constelaciones invisibles.

Los vecinos decían que era una ilusión, un eco de algo que nunca ocurrió. Solo algunos sabían que en otro tiempo el hombre había amado a una mujer que no era de aquí y que había prometido esperarla cada día de San Valentín, ya que sabía que el amor no entiende de especies ni distancias, pero si que conoce de encuentros que pueden desafiar la lógica del universo.

jueves, 2 de julio de 2026

Atardecer

Desde la baranda de piedra, contemplo la casa solitaria y sus ventanas iluminadas como un faro tibio en la bruma. El árbol seco parece inclinarse hacia ella, como si escuchara secretos que el viento no se atreve a repetir. Los pájaros cruzan el cielo en silencio, trazando rutas invisibles sobre las aguas quietas.

No hay nadie más, solo yo y este paisaje que respira despacio, como si estuviera esperando algo. La luz del atardecer se curva, se pliega, y por un instante el tiempo parece detenerse. Es entonces cuando la casa parece parpadear, y su puerta se abre sin que nadie la toque. De ella sale una figura hecha de niebla, que me reconoce y me llama por mi nombre, aunque yo nunca he estado aquí antes.

miércoles, 1 de julio de 2026

El anciano y el caballo

El caballo avanzó despacio entre la niebla. Parecía no tener prisa. Yo lo seguía, envuelto en mi capa, sin saber por qué. Sentí en mi alma que sus pasos resonaban como ecos de un tiempo anterior a nosotros. Al poco, pude contemplar como el bosque se abría ante él, como si lo reconociera. Me detuve al borde del claro, y me sentí temblar. El caballo lo cruzó solo, y el mundo, cuando él se alejó, se cerró para mí.

jueves, 25 de junio de 2026

La sombra que nos señala

Cada mañana, la sombra aparecía puntual sobre el muro verde, alzando una mano como quien saluda desde otro tiempo. Nadie sabía de quién era, pero los vecinos decían que hablaba, aunque no con palabras. A veces parecía advertir, otras consolar. Elena, la portera, juraba que la sombra le había contado secretos del edificio: amores escondidos, llaves perdidas, pactos rotos.

Un día, la sombra no apareció. El sol brillaba igual, pero el muro estaba mudo. Desde entonces, Elena deja una silla vacía frente al muro, por si vuelve. Y cada tarde, le pregunta en voz baja si el silencio también tiene memoria.