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sábado, 15 de agosto de 2026

Ébano

Contemplando a la mujer siento que sus ojos podrían encender un fuego antiguo que parece no pertenecer a nuestro tiempo. Quizá sean un espejo donde ese tiempo se disfraza de eternidad. Siento como laten sus tatuajes, que quizá fueron trazados en épocas pasadas por manos que hoy sean solamente polvo y que podrían ser parte de una oración que nadie ha terminado nunca de pronunciar. Veo que se viste con unas telas que guardan el rumor de linajes ancestrales que quizá caminen detrás de ella.

Su silencio, quiero pensar, sería un puente hacia el olvido y en su mirada es posible que la tierra siga reconociendo a una hija que algún día decidió dejar de escucharla. Es así como, al final, he comprendido que su silencio podría no ser ausencia, sino un pacto con lo invisible. Y en su mirada, que la luz roza con la delicadeza de quien teme despertar un recuerdo, el mundo se estaría inclinando reconociendo su propio origen.

jueves, 13 de agosto de 2026

Encuentro de dos mundos

La anciana, sentada debajo del mural, pensaba en la joven pintada que parecía despertar de un sueño antiguo entre las grietas del muro. Creía que era ella misma en un tiempo ya olvidado y sentía que un viento tibio atravesaba la pared levantando una nube de polvo que semejaba recuerdos que regresan a tientas. Cuando cerraba los ojos, la anciana escuchaba murmullos que no venían de ningún lugar visible.

Un día, al fin, el rostro del dibujo inclinó levemente la cabeza, como quien reconoce a alguien después de mucho tiempo. La anciana, sorprendida, tocó con sus manos los labios de la joven y ella, desde el muro, se las besó.

viernes, 7 de agosto de 2026

La joven y el gato

Dicen que la fotografía de la joven con el gato en brazos llevaba demasiado tiempo sobre la cómoda y que ya nadie recordaba quién era ella. Solo quedaba el gato, viejo y silencioso, siempre durmiendo bajo la imagen.

Cuando la abuela murió, vaciaron la casa habitación por habitación, sin saber que era lo que buscaban. Parece que fue en ese registro cuando, detrás del marco, encontraron una nota atrapada en el polvo. Dicen que ella había escrito: “Si alguien lee esto, he decidido empezar otra vida y no volveré”.

Cuando esto sucedió, el gato, que nunca se había alejado de la fotografía, habría maullado frente a la puerta como si aún la estuviera esperando. Nunca se le volvió a ver.

miércoles, 5 de agosto de 2026

El hombre y el tiempo

Cada mañana, el hombre despertaba antes que el sol y daba cuerda al reloj de mesa, como si al girar la llave pudiera retrasar el olvido. El reloj, sin embargo, viejo y terco, detenido en el pasado, marcaba siempre aquella hora de espanto en que su esposa había desaparecido entre las sombras de una tormenta que ya solo él recordaba.

Dicen que el tiempo se había detenido en el reloj por pura compasión, y que los segundos, huidizos, se escondían en las arrugas del rostro del hombre solitario. A veces, al mirarlo fijamente, uno siente que él está envejeciendo más deprisa de lo normal. Y que el reloj, en su silencio, sigue contando aquellas historias que ya todos han olvidado.

lunes, 3 de agosto de 2026

Ausencias

Alguien diría que los ancianos, al lado del retrato de su hija, están esperando a que algún día despierte. Ella, desde la imagen, con los ojos cerrados, parece escuchar los suspiros que no se dicen. La habitación huele a polvo y a tiempo detenido.

En la caja de madera, siempre cerrada, ellos guardan las cartas que nunca se atrevieron a enviar. Él, a veces, acaricia la tapa. Ella murmura su nombre, apenas audible, como si el silencio pudiera traerla de vuelta. Ambos sienten así, día tras día, que la ausencia, sin decir palabra, está con ellos.

lunes, 27 de julio de 2026

El viaje a ninguna parte

Cuando la vi sentada en medio del camino, sus pensamientos parecían respirar con el viento. Estábamos en la pura soledad y yo sentía que todo estaba en suspenso. La geisha me miraba con una calma que no pertenecía al tiempo, y su kimono azul y amarillo parecía latir con luz propia. Le pedí que no se moviera, pero el aire ya la estaba desdibujando. A su lado, la vieja maleta parecía temblar, como si fuera capaz de recordar viajes ancestrales que ya debería haber olvidado.

Cuando el obturador sonó, sentí que la mirada de ella atravesaba el cristal y atrapaba algo de mí.

Desde entonces, cada vez que contemplo la imagen, escucho el rumor de un viaje que nunca terminará. Había captado el inicio de un viaje imposible, un viaje que no iba a conducir a la mujer a ningún lugar, sino a su propia memoria.

domingo, 19 de julio de 2026

La anciana y el perro

La anciana acariciaba el borde del vaso como si leyera en él los años que no volverían. El perro, con la cabeza apoyada en la mesa, parecía escuchar unas palabras que nadie decía. Afuera, el viento traía olor a uvas fermentadas, como si el vino quisiera regresar a la tierra. La pared azul, con manchas amarillas, vibraba levemente, como si respirara. En algún momento, la botella se inclinó sola, derramando unas gotas de vino que cayeron sobra la madera. El perro ladró con delicadeza y la anciana sonrió sin mover los labios. Creía -dicen- que en esos ladridos estaba encerrada la dulce voz de un nieto perdido.

jueves, 16 de julio de 2026

Monja de carnaval

La mujer, con sus hábitos monjiles, cantaba en la calle con una alegría que hacía vibrar el suelo. Su voz, impregnada de magia, parecía abrir suspiros en el desfile carnavalesco, como si este estuviera respirando a través de ella. Los niños la seguían, hipnotizados por algo que no sabían nombrar, y todos vieron que cuando ella alzó los brazos, el viento dejó de soplar y el aire quedó inmóvil. Solo entonces descubrieron que no era una simple mujer disfrazada, sino algún espíritu festivo ancestral que se había introducido, quizás por primera vez en mucho tiempo, en ese cuerpo que cantaba.

lunes, 13 de julio de 2026

Bolsa de papel

El hombre hablaba por teléfono con la mujer a la que amaba mientras la noche, curiosa, se asomaba por las rendijas de su habitación. Cubría la cabeza con una bolsa de papel de estraza, como si dentro guardara un secreto demasiado frágil para mostrarse. Cada palabra que la mujer decía hacía vibrar la bolsa, llenándola de esperanzas y miedos.

Mientras él imaginaba que si se la quitaba su rostro podría romper el hechizo y ella vería todas sus grietas, la voz de la amada, tibia y distante, sonaba atravesando el papel como un rayo de luna. A veces podría decirse que lo acariciaba; otras, que lo juzgaba sin verlo.

Él hombre apretaba el teléfono contra su oído. Esperaba que el amor lo reconociera aun sin rostro. Fue en algún momento cuando sintió que la bolsa, cuando reinó el silencio, se volvía transparente, como si supiera que tarde o temprano él tendría que atreverse a respirar sin ella.

sábado, 11 de julio de 2026

Dia de San Valentín

Cada 14 de febrero, la casa se llenaba de una luz que no venía de ninguna lámpara. Justo al anochecer, dos figuras aparecían sentadas frente a la mesa: un hombre de treinta años con ojos que contenían otoños, y una mujer de piel verde y mirada estelar. Las copas brillaban con recuerdos líquidos, y las botellas guardaban promesas. Ellos no hablaban, pero sus miradas tejían constelaciones invisibles.

Los vecinos decían que era una ilusión, un eco de algo que nunca ocurrió. Solo algunos sabían que en otro tiempo el hombre había amado a una mujer que no era de aquí y que había prometido esperarla cada día de San Valentín, ya que sabía que el amor no entiende de especies ni distancias, pero si que conoce de encuentros que pueden desafiar la lógica del universo.

miércoles, 8 de julio de 2026

Soledad

En el viejo parque, el banco solitario estaba húmedo por el rocío. Me sentía cansada y me senté. Los árboles seguían desnudos, y el barrio despertaba con el ruido habitual de persianas y motores viejos. Vi a una anciana que se acercaba. Al pasar a mi lado me saludó con un gesto leve, como si me conociera de siempre.

Me quedé observando cómo se alejaba, arrastrando los pies, hasta que su figura se fue diluyendo en la lejanía. Noté entonces que había dejado algo a mi lado: una pequeña llave oxidada, tibia, pensé, por el calor humano de ella. La apreté en mi mano y sentí que el aire alrededor del banco se volvía más denso, como si el tiempo respirara distinto. Miré de nuevo a lo lejos y vi que la anciana estaba allí otra vez. Fue en este momento cuando me dí cuenta de que su rostro era el que yo tendría en un futuro, ya no muy lejano.

martes, 7 de julio de 2026

Hermanas

Al mirarse en el espejo, la niña sentía hilos de color indefinido enredados en su cabello, como si la niebla hubiera tejido sueños durante la noche. En la pared, el retrato de su hermana ausente cambiaba de expresión según el clima: melancólica cuando llovía, serena cuando cantaban los pájaros. Los adultos decían que era imposible, que los cuadros no sienten, pero ella sabía que la imagen respiraba.

Una vez, al mirarla fijamente, creyó ver los ojos del retrato abrirse lentamente. Desde entonces, evitaba cruzar la mirada, aunque sentía su presencia detrás de cada pensamiento. El azul del fondo se volvía más intenso cuando la niña dudaba, y el marco metálico brillaba cuando recordaba. Una noche, la imagen del retrato sonrió, y al día siguiente, la hermana, al fin, volvió a casa.

lunes, 6 de julio de 2026

La sombra del silencio

Las sombras le borraban el contorno, como si el mundo dudara de su existencia. Su mano, detenida en un gesto incompleto, parecía buscar un amarre protector. Había en su rostro una calma demasiado tensa, frágil como un suspiro. El aire vibraba con algo que no terminaba de decirse. Solo recordaba un nombre que ya no debía pronunciar. Fue en ese instante cuando la penumbra, sin exigirle nada, le brindó su abrazó.

miércoles, 1 de julio de 2026

El anciano y el caballo

El caballo avanzó despacio entre la niebla. Parecía no tener prisa. Yo lo seguía, envuelto en mi capa, sin saber por qué. Sentí en mi alma que sus pasos resonaban como ecos de un tiempo anterior a nosotros. Al poco, pude contemplar como el bosque se abría ante él, como si lo reconociera. Me detuve al borde del claro, y me sentí temblar. El caballo lo cruzó solo, y el mundo, cuando él se alejó, se cerró para mí.

lunes, 29 de junio de 2026

Natividad

Cada noche de diciembre, cuando el frío se cuela por las rendijas, ella lo envuelve en su abrazo. Su respiración tibia contra su pecho es la única música que necesita. Afuera, las luces titilan como estrellas que han bajado a mirar. Dicen que la Navidad es milagro, pero ella lo sostiene en brazos cada día. Su piel huele a leche y esperanza, y sus dedos diminutos se aferran a su destino. No hay pesebre ni incienso, solo este silencio dorado que los cubre. Él duerme, y ella reza sin palabras. Porque en su sueño, el mundo ha vuelto a nacer.