miércoles, 5 de agosto de 2026

El hombre y el tiempo

Cada mañana, el hombre despertaba antes que el sol y daba cuerda al reloj de mesa, como si al girar la llave pudiera retrasar el olvido. El reloj, sin embargo, viejo y terco, detenido en el pasado, marcaba siempre aquella hora de espanto en que su esposa había desaparecido entre las sombras de una tormenta que ya solo él recordaba.

Dicen que el tiempo se había detenido en el reloj por pura compasión, y que los segundos, huidizos, se escondían en las arrugas del rostro del hombre solitario. A veces, al mirarlo fijamente, uno siente que él está envejeciendo más deprisa de lo normal. Y que el reloj, en su silencio, sigue contando aquellas historias que ya todos han olvidado.

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