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sábado, 19 de septiembre de 2026

La ventana

Tras los cristales del cuarto que habito, contemplo todos los días una vieja ventana de madera que también parece mirarme. Su aspecto me dice que lleva siglos cerrada, pero a veces juraría que despierta cada mañana. Quizá, en momentos de alucinación, pienso que alguna monja pudo haber sido allí emparedada, quién sabe cuándo, condenada por el Santo Oficio por haber tenido trato carnal con el mismo diablo en su juventud.

Al atardecer, cuando el sol cae, su superficie se ilumina con destellos que parecen letras antiguas escribiendo historias que nadie ha leído. Otras veces, en las noches de lluvia, siento como si la ventana murmurara palabras que se deslizan por mi cuarto y me arropan como un secreto. Creo, incluso, que a lo largo del tiempo me ha visto crecer, como una madre que nunca abrió los brazos.

Me siento algo confuso. La única certeza es que, cuando la ciudad despierte, la ventana seguirá ahí, cerrada, desgastada por una intemperie de cientos de años, guardando más allá de sus viejas maderas, en el interior de la habitación que parece custodiar, un mundo de secretos que solo en mis delirios puedo atreverme a imaginar.

miércoles, 9 de septiembre de 2026

Hogar Moderno

La tienda, que causó sensación en su tiempo, se llamaba “Hogar Moderno” pero ahora ya no queda nada moderno en su silencio, aunque mientras empujo mi bicicleta, sigo sintiendo el eco de los pasos que antes llenaban este suelo.

Recuerdo que mi madre compró aquí las cortinas del primer piso, cuando todo nos parecía nuevo. También compró unas lámparas que nos prometían luz para toda la vida. Ahora, el metal frío de las persianas huele a abandono. Acumulan el polvo de los años y los sueños que nunca llegaron a venderse.

Tengo también en mi mente el reflejo de mi cuerpo cuando era niña en sus cristales y me pregunto si yo también habré cerrado algo dentro de mí. Es posible que el hogar moderno, con todo lo que nos prometía, fuese solamente un ensueño que el tiempo olvidó cumplir. Quizás un modo elegante que teníamos entonces para nombrar la esperanza.

sábado, 29 de agosto de 2026

Yo era ella

Siguiendo sus pasos, me he sentido feliz contemplando como sus coletas rebotaban en la empedrada calle de Córdoba. Ella, mientras tanto, ha seguido avanzando decidida. Ni siquiera ha reparado en el cartel que promete cenas que incluyen un espectáculo flamenco.

No puedo dejar de pensar que hace veinte años yo era ella, corriendo por estas mismas calles. Ahora soy yo el que carga de su mochila y vigila cada esquina, por temor, siempre, a que se vaya a perder.

Y mientras el eco de nuestros pasos se diluye en las callejas de la Judería, he ido tomando conciencia de que ya nunca llegaré a alcanzarla del todo.

domingo, 16 de agosto de 2026

Cielos

A través de mi cámara contemplo como el globo asciende buscando el cielo, mientras la antena, inmóvil, permanece en su quietud. Quisiera pensar que las nubes son el vínculo que los une pero sé que no es así. Realmente entre ambas cosas, nada sucede, solo mi mirada y el cielo, que sostiene sus silencios.

viernes, 14 de agosto de 2026

Bar Correo

La chica, mientras camina, está mirando la puerta cerrada del bar, donde el tiempo parece haberse detenido y por un instante ha recordado las risas que se derramaban como cerveza sobre la barra de su pequeño mostrador y los ecos de palabras felices que aún vivirán en sus paredes.

El dibujo del hombre con su copa, sobre un barril de cerveza, desde otro siglo, parece cruzarle la mirada con complicidad, guardando secretos de otros tiempos, mientras ella siente que el suelo que está pisando le está murmurando nombres que solo el bar conoció. Finalmente, comprenderá que la memoria del lugar no se ha borrado, que dicen que se sirve cada noche, invisible, en unas copas de nostalgia.

lunes, 10 de agosto de 2026

La mujer del Centro Comercial

Cuando estoy haciendo la fotografía observo a una mujer que camina lentamente entre luces y escaparates que no parecen mirarla. Podría decir que su cuerpo se estaría mezclando con los reflejos de los anuncios, como si estuviera buscando algo que no está a la venta.

Viendo cada uno de sus lentos pasos pienso que la fotografía saldrá movida. Es posible que la mujer esté pensando en unos días pasados en que el mundo parecía más pequeño, menos ajetreado, más suyo. Y mientras la escalera mecánica desciende, creo que está comprendiendo que la nostalgia es la única tienda que hoy está abierta para ella.

jueves, 6 de agosto de 2026

Un cuento de fantasmas

La plaza brillaba como un espejo recién despertado, y nadie sabía qué recuerdos reflejaban en los charcos las ventanas que nunca dormían. Parece que en otros tiempos los fantasmas, por la noche, cuando llovía, bajaban a pasear, siempre con sus paraguas cerrados. No hacían ruido, solo se movían en la luz, como si respiraban el aire caliente que emanaba de las farolas. Se contaba también que se movían descalzos para no romper el silencio y que era frecuente que se sentaran en las mesas vacías y conversaran con las sombras que dejaba la lluvia. Algunas veces, incluso, alguno de ellos miraba la gran pantalla luminosa y juraba reconocerse en el rostro que parpadeaba.

Al primer rayo del alba, sin embargo, todos volvían a encerrarse en sus muros, dejando tras de sí unos murmullos y un leve olor a lluvia que solo entendía la piedra.

martes, 4 de agosto de 2026

Abandonos

Desde que yo era niño, al menos, la puerta de hierro siempre ha estado cerrada, como si respirara en un silencio que estuviera fuera del tiempo. La hiedra, mientras tanto, la ha ido abrazando poco a poco, ocultando su forma hasta integrarla en parte de un jardín que nadie puede ver.

Por las noches, algunos afirman que en la vieja casa han escuchado el tintineo de copas y un murmullo que parece venir de otros mundos. Dicen también, seguro que es pura leyenda, que cuando eso sucede, el viento trae un perfume antiguo, mezcla de polvo y jazmín.

Yo, de niño, la toqué alguna vez y puedo jurar que sentí un pulso tibio bajo el metal. Quizá, pienso ahora, la casa sigue esperando que algún día alguien recuerde su nombre. Mientras tanto, todos sabemos que los gatos, cuando pasan al lado de la puerta, se detienen y la miran con fijeza, para retroceder luego sin ruido.

domingo, 26 de julio de 2026

Amistad

Justo antes de llegar al bosque, cuando el sendero se abría al cielo, los niños detuvieron sus bicicletas. Les habían dicho que en primavera se abría un resplandor especial entre los árboles y que de esa luz brotaban diminutas criaturas, aladas. Si prestaban atención podrían escuchar como cantaban en silencio.

Los tres amigos, sin miedo, ofrecieron sus manos y el bosque respondió con algo que semejaba un latido profundo. Para entonces las montañas, en la lejanía, parecían haberse inclinado ante ellos.

Fue en ese momento cuando los tres fueron tomando conciencia de que la naturaleza, cuando confía, revela su magia a quienes, como ellos, han descubierto que la amistad puede ser un canto a la tierra.

viernes, 24 de julio de 2026

Cristo de la Expiración

En la penumbra de la Capilla de la Expiración, se siente como respira el silencio. El “Santísimo Cristo de la Expiración” inclina la cabeza, como si aún escuchara los últimos susurros del mundo. A sus pies, “María Santísima del Silencio” sostiene un dolor que no necesita expresarse en palabras. Las velas tiemblan, y sus llamas custodian algo que solamente la fe comprende. El aire huele a azahar y a plegarias que se repiten en el tiempo. Ante la visión de las imágenes, todo está suspendido, y Córdoba parece haberse arrodillado.

martes, 21 de julio de 2026

La hora azul

Era la hora azul, y la luz del atardecer caía sobre la Plaza de las Tendillas como un susurro. Se habían encendido las farolas y el aire se había vuelto dorado, como si la ciudad quisiera posar para las miradas de la gente.

Yo estaba delante de la estatua, parado, escuchando el murmullo de quienes atravesaban la plaza como un río manso y fue entonces cuando reparé en el fotógrafo y en como quería captar cada paso, cada sombra, cada gesto.

El hombre estaba intentando seguirle el pulso a la ciudad, que a esa hora latía más despacio. Cuando comenzó a disparar, supe que estaba atrapando unos instantes que no volverían, pero que siempre me esperarían allí.

domingo, 12 de julio de 2026

El perro y el maniquí

Cada día despierto tras el cristal, inmóvil pero consciente. Las personas pasan, miran, no ven. Solo el perro de ojos de hielo me escucha. Le hablo sin palabras, con el temblor de las hojas del jardín vertical. Le cuento que fui hombre, que amé bajo esa fuente, que un hechizo me dejó aquí.

El perro no sabe que cuando él me siente, mi corazón de tela late más fuerte. Solamente ladea la cabeza, me entiende y me promete que algún día me liberará. Y yo espero, cada tarde, que sus pasos traigan el milagro y se rompa el escaparate.

Ayer, el perro no vino. Sentí el silencio como un peso nuevo, insoportable. Entonces, desde el jardín vertical, una flor blanca cayó dentro del escaparate y tocó mi mano rígida. La tela se volvió piel. El cristal se abrió como agua. Y comprendí que no era el perro quien debía liberarme, sino el propio jardín, que siempre había conocido mi secreto.

viernes, 10 de julio de 2026

Aguas crecidas

Estoy contemplando como el Puente Viejo se está inclinando hacia mí mientras las aguas crecidas lo acarician con furia. Le recuerdan que nada es eterno, ni siquiera la piedra.

Mientras hago la fotografía, siento que el Guadalquivir respira dentro de mi pecho. En la lejanía, los pájaros revolotean. La gente observa en silencio, temiendo que el río en algún momento llegue a despertar del todo y reclame la ciudad.

Los árboles sumergidos están agitando sus ramas, como manos que intentan escribir un conjuro, mientras que yo, atrapado entre la fotografía que intento hacer y la magia del rumor del agua, presiento que algo no deseado está a punto de producirse.

-Esta fotografía la hice el día 8 de febrero de 2026, cuando las aguas ya habían inundado el aeropuerto de Córdoba y las urbanizaciones de su entorno.

jueves, 9 de julio de 2026

Los viejos arcos

Al atardecer, la mujer cruzaba los viejos arcos para encontrarse con su hermana, recluida al otro lado desde hacía tantos años que nadie recordaba cuando había ingresado allí. Cuando los cruzó. los ladrillos del convento susurraron su nombre. Era invierno, pero el aire olía a jazmín.

Ahora, cuando dejó atrás las piedras antiguas, dicen que fue ella la que desapareció para siempre, dejando en el suelo solo una bolsa blanca y en el aire un perfume persistente.

viernes, 3 de julio de 2026

La chica que corre

Cada tarde corro por esta calle, como si el asfalto supiera mi nombre. Hoy, al pasar frente al edificio con las ventanas enrejadas, el cartel me ha hablado: “No corras más”. Me he detenido, jadeando, y las dos personas que caminaban me han mirado como si supieran algo que yo ignoraba. El aire olía a piedra mojada, aunque no había llovido.

Al pronto, una grieta en la pared ha comenzado a abrirse, lenta, como una boca que despierta. De ella ha salido una niña idéntica a mí, pero con los ojos cerrados. Intento alcanzarla y corro detrás de ella, pero cada paso suyo va borrando uno de los míos. Pronto sé que nunca llegaré a alcanzarla.

jueves, 25 de junio de 2026

La sombra que nos señala

Cada mañana, la sombra aparecía puntual sobre el muro verde, alzando una mano como quien saluda desde otro tiempo. Nadie sabía de quién era, pero los vecinos decían que hablaba, aunque no con palabras. A veces parecía advertir, otras consolar. Elena, la portera, juraba que la sombra le había contado secretos del edificio: amores escondidos, llaves perdidas, pactos rotos.

Un día, la sombra no apareció. El sol brillaba igual, pero el muro estaba mudo. Desde entonces, Elena deja una silla vacía frente al muro, por si vuelve. Y cada tarde, le pregunta en voz baja si el silencio también tiene memoria.

domingo, 21 de junio de 2026

Esperanza

Cuando la contemplo trepando por la pared encalada siento como si estuviera tanteando el mundo con sus dedos minúsculos. El cable, que alguien colocó de guía a su lado, asciende recto como un río que ya conociera que su destino es el cielo. Las ramitas, que quizá lo han confundido con un hermano, parecen ofrecerle sus zarcillos como preguntas. El cable nunca las responde, pero ellas, desde siempre, han tratado de llenar su savia con su fuerza y ensueños.

Todas las mañanas me gusta observar como van surgiendo nuevas hojitas amarillas, que semejan pequeñas lámparas encendidas y me siento feliz contemplando el milagro. Sospecho que alguna noche habrán nacido uvas de luz.