Dicen que la fotografía de la joven con el gato en brazos llevaba demasiado tiempo sobre la cómoda y que ya nadie recordaba quién era ella. Solo quedaba el gato, viejo y silencioso, siempre durmiendo bajo la imagen.
Cuando la abuela murió, vaciaron la casa habitación por habitación, sin saber que era lo que buscaban. Parece que fue en ese registro cuando, detrás del marco, encontraron una nota atrapada en el polvo. Dicen que ella había escrito: “Si alguien lee esto, he decidido empezar otra vida y no volveré”.
Cuando esto sucedió, el gato, que nunca se había alejado de la fotografía, habría maullado frente a la puerta como si aún la estuviera esperando. Nunca se le volvió a ver.
Mostrando entradas con la etiqueta Animales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Animales. Mostrar todas las entradas
viernes, 7 de agosto de 2026
jueves, 30 de julio de 2026
Caballos
La anciana flotaba sobre el campo como si su espíritu estuviera aprendiendo a ser viento. De su pecho, diluyéndose, surgían unos caballos que nadie esperaba. No eran criaturas reales sino fragmentos de su alma escapando al galope.
Es posible que el alazán fuese su valentía intemporal, el tordo representase sus miedos más antiguos y el bayo su risas que aún seguían temblando en el aire. Cada uno, al alejarse, la miraba y la reconocía como madre y origen.
Cuando el último se perdió en la llanura, aunque los latidos de su alma siguieran corriendo, el rostro de la mujer se transformó en cielo.
Es posible que el alazán fuese su valentía intemporal, el tordo representase sus miedos más antiguos y el bayo su risas que aún seguían temblando en el aire. Cada uno, al alejarse, la miraba y la reconocía como madre y origen.
Cuando el último se perdió en la llanura, aunque los latidos de su alma siguieran corriendo, el rostro de la mujer se transformó en cielo.
sábado, 25 de julio de 2026
El caballo y la música
La música brotó del gramófono como un río antiguo, y el niño subió a la silla como quien escala un recuerdo. Sus dedos tocaron mi cuello, y sentí que la piel se me volvía viento. Cada nota me abría una puerta: a un establo que ya no existe, a una noche donde fui cometa.
El niño no hablaba, pero su mirada tenía el idioma de los que sueñan despiertos. Yo, que fui caballo de feria, de trabajo, de campo, ahora soy una criatura de salón y milagro. La lámpara colgante me susurra secretos, y yo los guardo para no olvidarlos.
Con la música siento que el suelo cruje como si recordara pasos que aún no han ocurrido, y mientras la mano del niño me acaricia, quisiera que esa música no terminará nunca.
El niño no hablaba, pero su mirada tenía el idioma de los que sueñan despiertos. Yo, que fui caballo de feria, de trabajo, de campo, ahora soy una criatura de salón y milagro. La lámpara colgante me susurra secretos, y yo los guardo para no olvidarlos.
Con la música siento que el suelo cruje como si recordara pasos que aún no han ocurrido, y mientras la mano del niño me acaricia, quisiera que esa música no terminará nunca.
domingo, 19 de julio de 2026
La anciana y el perro
La anciana acariciaba el borde del vaso como si leyera en él los años que no volverían. El perro, con la cabeza apoyada en la mesa, parecía escuchar unas palabras que nadie decía. Afuera, el viento traía olor a uvas fermentadas, como si el vino quisiera regresar a la tierra. La pared azul, con manchas amarillas, vibraba levemente, como si respirara. En algún momento, la botella se inclinó sola, derramando unas gotas de vino que cayeron sobra la madera. El perro ladró con delicadeza y la anciana sonrió sin mover los labios. Creía -dicen- que en esos ladridos estaba encerrada la dulce voz de un nieto perdido.
domingo, 5 de julio de 2026
El gato asustado
El gato llevaba esperando toda la mañana. Acechaba en silencio, con los ojos clavados en su presa negra y muda. No olía a nada, no se movía, pero algo en su forma lo inquietaba. Era un ratón sin vida, sin huida, sin miedo.
Cuando al fin se atrevió a tocarlo, el gato sintió que el mundo se estremecía: la madera le susurró algo, la luz se volvió líquida, y el tiempo se encogió como un ovillo de lana. Fue entonces cuando el ratón emitió un débil suspiro eléctrico, casi humano, y el gato, horrorizado, huyó despavorido.
Cuando al fin se atrevió a tocarlo, el gato sintió que el mundo se estremecía: la madera le susurró algo, la luz se volvió líquida, y el tiempo se encogió como un ovillo de lana. Fue entonces cuando el ratón emitió un débil suspiro eléctrico, casi humano, y el gato, horrorizado, huyó despavorido.
miércoles, 1 de julio de 2026
El anciano y el caballo
El caballo avanzó despacio entre la niebla. Parecía no tener prisa. Yo lo seguía, envuelto en mi capa, sin saber por qué. Sentí en mi alma que sus pasos resonaban como ecos de un tiempo anterior a nosotros. Al poco, pude contemplar como el bosque se abría ante él, como si lo reconociera. Me detuve al borde del claro, y me sentí temblar. El caballo lo cruzó solo, y el mundo, cuando él se alejó, se cerró para mí.
viernes, 26 de junio de 2026
Bastet, la diosa gata
Bastet, la gata blanca, dormía como quien vigila un imperio perdido del que ella era diosa. En sus sueños, recordaba templos en los que en el pasado su nombre había sido susurrado entre nubes de incienso.
A veces, al despertar, sus ojos destellaban un fulgor antiguo, como si aún viera mortales arrodillados ante ella, pero le bastaba un leve parpadeo para volver a ser solo una gata, mientras sentía que el mundo había temblado un instante a su alrededor.
En ese reino de otros tiempos, las sombras se inclinaban cuando ella pasaba, obedientes sin saber por qué, mientras Bastet escuchaba en el silencio una música que ya no pertenecía a esta realidad.
Era de nuevo al amanecer cuando Bastet volvía a alzar la cabeza hacia las estrellas, que se estaban diluyendo y reconocía en ellas viejos imperios. Y entonces, por un momento, volvía a ser una diosa.
A veces, al despertar, sus ojos destellaban un fulgor antiguo, como si aún viera mortales arrodillados ante ella, pero le bastaba un leve parpadeo para volver a ser solo una gata, mientras sentía que el mundo había temblado un instante a su alrededor.
En ese reino de otros tiempos, las sombras se inclinaban cuando ella pasaba, obedientes sin saber por qué, mientras Bastet escuchaba en el silencio una música que ya no pertenecía a esta realidad.
Era de nuevo al amanecer cuando Bastet volvía a alzar la cabeza hacia las estrellas, que se estaban diluyendo y reconocía en ellas viejos imperios. Y entonces, por un momento, volvía a ser una diosa.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






