lunes, 22 de junio de 2026

La mujer y el mar


Sentada al borde del acantilado, la mujer cerró los ojos y dejó que el viento le despeinara los pensamientos. Sentía que el rumor del mar subía como un latido antiguo, recordándole algo que siempre había sabido.

Respiró hondo, sintiendo cómo la sal se mezclaba con la quietud que buscaba y por un instante el mundo pareció detenerse bajo sus pies.

Fue entonces cuando comprendió que no estaba huyendo, sino regresando. Y en ese silencio, el océano le devolvió su nombre.

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