viernes, 31 de julio de 2026

Abandonos

Desde que yo era niño, al menos, la puerta de hierro siempre ha estado cerrada, como si respirara en un silencio que estuviera fuera del tiempo. La hiedra, mientras tanto, la ha ido abrazando poco a poco, ocultando su forma hasta integrarla en parte de un jardín que nadie puede ver.

Por las noches, algunos afirman que en la vieja casa han escuchado el tintineo de copas y un murmullo que parece venir de otros mundos. Dicen también, seguro que es pura leyenda, que cuando eso sucede, el viento trae un perfume antiguo, mezcla de polvo y jazmín.

Yo, de niño, la toqué alguna vez y puedo jurar que sentí un pulso tibio bajo el metal. Quizá, pienso ahora, la casa sigue esperando que algún día alguien recuerde su nombre. Mientras tanto, todos sabemos que los gatos, cuando pasan al lado de la puerta, se detienen y la miran con fijeza, para retroceder luego sin ruido.

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