domingo, 9 de agosto de 2026

Esperanza

El hombre aguardaba en el viejo apeadero, como si el tiempo se hubiera detenido en la nieve y en el vapor de la oxidada caldera. Sabía que desde hacía muchos años por aquellas vías ya no circulaba ningún tren, pero era también consciente de que en ese momento, a punto de anochecer, alguien había encendido la luz del farol, que temblaba con luz dorada, y que el viejo ferrocarril de mercancías parecía estar esperándolo a él. Ahora, cuando el viento traía voces antiguas y murmullos de viajeros que nunca llegaron, no podía perder la oportunidad de alejarse de un mundo que no le gustaba.

Cuando el tren quedó, finalmente, inmóvil, el humo pareció dibujar figuras que lo saludaban. El hombre sonrió, y sintió que su maleta se volvía tan ligera como ese humo. No lo pensó más. Subió al tren. Sabía que este, en su ensoñación, iba a partir hacia un horizonte donde la nieve brillaría como esperanza.