viernes, 9 de octubre de 2026

El eco de un nombre

He decidido volver a la estación como vuelven los que saben que ya han perdido y estoy contemplando como el andén respira una penumbra que parece conocer mi destino mejor que yo. Veo también que la luz parece caer en fragmentos, como si quisiera advertirme de que quien espero quizá nunca regrese.

El tiempo va pasando y siento que las vías están brillando con un fulgor antiguo, como un presagio que se enciende sólo cuando la esperanza empieza a quebrarse, y que las sombras avanzan, obstinadas, hacia ese punto donde lo real y lo imposible se mezclan.

En esta espera sombría estoy descubriendo que el mundo también me está abandonando: sé que a veces sólo queda el eco de un nombre. Un nombre solo, desnudo en la mitad del andén. Lo he pronunciado y nadie ha contestado. Solo se ha escuchado ese eco, que ya no era su voz, sino la mía.