Parado en el semáforo estoy viendo cómo todos corren a la vez en Shibuya, pero nadie corre hacia nadie. Mientras, los neones gritan en colores que no iluminan nada, solo lo borran todo. La gente cruza la misma calle mil veces sin llegar a rozarse.
Creo que el mundo camina tan deprisa que nuestra soledad ya no pesa, se difumina en la de los otros. Y ahí estamos todos, caminando, meras siluetas en movimiento, todos solos pero cercanos en nuestra soledad.
